viernes, 26 de agosto de 2016

La homofobia también existe entre LGTB's


Hablar del odio al colectivo LGTB supone hacerlo sobre insultos, golpes y amenazas que sufren a diario los gays, lesbianas, bisexuales y transexuales de todo el mundo. Sin embargo, aunque es una cuestión grave, un tema muy delicado, resulta aún más preocupante cuando ese odio surge y se produce dentro del propio colectivo. 

Ser homófobo no es solo no respetar la condición sexual de una persona, también supone el rechazo de cualquier persona LGTB por cualquiera que sea su gusto. Todos hemos escuchado en alguna ocasión frases como “no sé cómo te pueden gustar los afeminados”, “esa bollera es una camionera”, “no quiero a gordos en mi vida”…

Puede parecer una soberana memez, incluso me dirán que es cuestión de gustos. Pero la realidad es mucho más seria. Nadie impide que cada cual tenga sus preferencias, de flores está el jardín lleno y la gama de colores es tan amplia que a cada uno nos gusta uno diferente. Lo grave viene cuando esas preferencias, esos gustos, son el justificante perfecto para odiar y rechazar todo aquello que no encaja en ellos. 

Es ahí cuando se produce la homofobia dentro del propio colectivo. Muy grave. Juzgar al que es diferente, al que no nos atrae y, además, juzgar a aquellos a los que les gustan personas diferentes a nuestros cánones es hilarante y denigrante para cada persona. Buscamos el respeto, la tolerancia y la aceptación de la sociedad, pero de pronto somos nosotros mismos quienes nos rechazamos y despreciamos unos a otros. 

Da igual quién o qué te guste, da igual cómo sea esa otra persona, lo importante es que genera en ti una atracción tal, que eres incapaz de poner tus ojos en otro ser que no sea él o ella. Lo que le guste al resto, a ti debería darte igual. Además, entre esas personas a las que rechazas y desprecias podrías encontrar, si te dieses la oportunidad de conocer y de descubrir gente que, aparentemente, no es afín, a un ser tan maravilloso que pueda ser capaz de lograr que te enamores. 


Déjate llevar y deja de juzgar, en la variedad y en la diferencia está el gusto. Imponerte cánones y rechazando al otro, solo supone que no tengas una amplitud de miras tal, que seas capaz de ver a los demás como lo que son, como personas que pueden hacerte disfrutar de una tarde llena de risas, de conversaciones de máximo interés mientras compartes un café o de una noche de fiesta tan divertida que la recordarás toda la vida.

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